Lenguaje y envejecimiento corregido

Trastornos del neurodesarrollo
marzo 17, 2022
10 de mayo de 2022

Durante los próximos meses se irán publicando diversos escritos sobre las distintas funciones neurocognitivas, tanto desde el punto de vista normotípico como desde el patológico, en población pediátrica y adulta.
En este primer hilo, se expone una visión suscita del lenguaje expresivo para terminar desarrollando brevemente qué podemos observar durante el envejecimiento saludable en dicho constructo.

Lenguaje

El lenguaje es una función cognitiva difícil de definir (Kolb y Whishaw, 2017). Belinchón, Igoa y Riviere (2009) señalaron que esta problemática está relacionada con su “cercanía y familiaridad”, lo que da lugar a “un término polisémico y ambiguo, con unos límites borrosos e imprecisos”.El resultado es una multitud de disciplinas (lingüística, psicolingüística, neurociencia cognitiva, neuropsicología, logopedia, etc.) que se encargan de su estudio.

La lingüística tradicionalmentese ha encargado de la dimensión formal o estructural (Belinchón y cols., 2009), considerando el lenguaje como la división deuna serie de componentes (Kolb y Whishaw, 2017): fonemas, morfemas, léxico, sintaxis, semántica, prosodia y discurso. El análisis de estos componentes durante las interacciones humanas, mediante la dimensión funcional y comportamental, ha sido estudiado por la psicolingüística, lo que ha derivado en modelos como el de Levelt(Levelt, 1989, en Belinchón y cols., 2009). Por su parte, la neurociencia cognitiva puso el foco de atención en analizar cómo el cerebro era capaz de comprender y producir el lenguaje (Gazzaniga, Ivry y Mangun, 2019) utilizando para ello diferentes niveles de análisis (Álvarez, 2014): molecular, celular, sistemas o redes neuronales, conductual y cognitivo. Este último autor señaló cómo la neurociencia cognitiva era el resultado de combinar la neurociencia y la psicología cognitiva; originándose ésta última en 1950 para dar respuesta a los interrogantes de la época mediante una mayor rigurosidad del método científico y ser una alternativa al enfoque conductista. Finalmente, la neuropsicología se ha encargadodel“estudio de la relación existente entre la función cerebral y la conducta” recibiendo aportes de multitud de campos (Kolb y Whishaw, 2017). De esta forma, el lenguaje ha sidoestudiado desde diferentes áreas, observándose cómo cada componente del lenguaje fue asociado con diferentes subfunciones lingüísticas como la discriminación de fonemas, recuperación léxica y la construcción de estructuras sintácticas, que, a la vez, fueron situadas en diferentes regiones del cerebro dando lugar al estudio neurobiológico del lenguaje (Friederici y Gierhan (2013).

El estudio formal del lenguaje, desde un punto de vista neurobiológico, tuvo sus raíces en Paul Broca y el establecimiento del giro frontal inferior (GFi) izquierdo como estructura clave para la producción del lenguaje. Este descubrimiento dio lugar a una época donde se primó la investigación de zonas topográficas a funciones concretas mediante los trabajos de Wernicke, Lichtheim y otros; dando lugar, en un primer momento, al modelo Wernicke-Lichtheim. Posteriormente, Geschwind en 1970 recogió los datos previos y generó un enfoque más conexionista estableciendo el modelo Wernicke-Geschwind (Small y Hickok, 2016). Nasios, Dardiotis y Messinis (2019) afirmaron que, para hacer justicia a todos los autores, el modelo debería haberse llamado modelo Broca-Wernicke-Lichtheim-Geschwind.

Este modelo fue criticado por la inexactitud de las estructuras implicadas en los déficits (Tremblay y Dick, 2016). Por ello, Hickok y Poeppel (2004, 2007) propusieron un modelo inicial de doble ruta con el objetivo de proporcionar un contexto para la interpretación neurobiológica del lenguaje comprensivo y expresivo que se ajustara a los datos que se iban obteniendo. Friederici y Gierhan (2013) presentaron un artículo donde se resume lo anterior (figura 1).

Estos autores afirmaron la existencia de dos tipos de fibras: las fibras dorsales y las ventrales. Las primeras, a su vez, pueden dividirse en dos: el fascículo arqueado (FA) y el fascículo longitudinal superior D2 (FLS2). El FA es un conjunto de fibras que conecta la corteza temporal (CT) posterior con la parte posterior del área de Broca (BA44) y está implicado en el procesamiento de estructuras sintácticas complejas; el FLS2 es el otro conjunto de fibras dorsales que conecta la CT posterior con la corteza premotora (CPM) cuya función es el mapeo auditivo-motor. El segundo haz de fibras, las ventrales, se divide en dos: el fascículo occipito-frontal inferior (FOFI) y el fascículo uncinado (FU). El FOFI tiene terminaciones en BA 45 y BA 47, corteza orbitofrontal (COF) y terminaciones temporales en la circunvolución temporal media (CTM), superior (CTS) y temporo-parietal (Ctp) y están relacionadas con el apoyo a los procesos semánticos y la comprensión de oraciones simples. Por su parte, el FU conecta el opérculo frontal (OpF) y el COF con la CTS anterior, siendo relevante para el procesamiento del lenguaje en general y la sintaxis a un nivel más básico.

A nivel de producción verbal, Carreiras, Costa, Cuetos, Perea y Sebastián Gallés (2016) señalaron las dificultades metodológicas que entraña su estudio en comparación con el lenguaje comprensivo. Estas dificultades metodológicas están relacionadas con el estímulo utilizado a la hora de plantear los estudios (Carreiras y cols., 2016)y al ruido generado durante las investigaciones de neuroimagen funcional (Wise y Geranmayeh, 2016).Este hecho es consistente con las afirmaciones de Koziol y Bludding (2009) y Eriksson, Vogel, Lansner, Bergstro y Nyberg (2015) sobre la importancia de la naturaleza de las tareas a la hora de investigar, evaluar y tratar el lenguaje.

La evaluación del lenguaje expresivo es estudiada desde diferentes perspectivas (Lezak, Howieson, Bigler, Tranel, 2012;Diéguez-Vide y Peña-Cassanova, 2012):denominación, repetición, vocabulario, discurso o lenguaje espontáneo. Cada una de estas tareas implica componentes subyacentes diferentes (McDonald, 2016), por ejemplo, este autor señaló que tanto la repetición de una lista de palabras como hablar para transmitir un mensaje son tareas de producción del lenguaje; sin embargo, no pueden ser consideradas iguales ya que la segunda tiene el punto de partida en la “transmisión de un mensaje conceptualmente coherente”. Lo mismo ocurre cuando se compara la producción de una palabra y una oración, por ejemplo, Wise y Geranmayeh(2016) afirmaron que los procesos subyacentes y estructuras implicadas para producir oraciones son más complejos. En este sentido, Blumstein y Baum (2016) comentaron cómo la articulación de una palabra es el resultado de una serie de pasos que se dan de forma jerárquica (figura 2): comenzando por la conceptualización de lo que quiere decirse, la selección del léxico y del montaje de cada una de las “propiedades sonoras” que corresponden a dicha palabra para que, finalmente, se establezca un mapeo de dichas representaciones fonológicas en la última etapa de planificación y ejecución articulatoria, mientras que la persona está monitorizando su producción con el fin de adaptarse al contexto. La interacción entre todas estas etapas pone en marcha un entramado de estructuras y redes que implica regiones frontales, temporales y parietales izquierdas.

Por otra parte, las oraciones requieren de una estructura sintáctica en la que las palabras que la forman estén combinadas según una serie de reglas para que ésta tenga sentido (Lezak y cols., 2012). Sugiura, Algatan, Nakai, Kambara, Silverstein y Asano (2020) afirmaron que producir oraciones verbales ante una lámina es el resultado de una serie de pasos interactivos e integrativos cuya base neuroanatómica está localizada en zonas asociativas frontales, parietales y temporales. Estos autores incidieron en la activación de la memoria de trabajo (MT) junto a una fase perceptiva, de procesamiento semántico y específicos a nivel lingüísticos. En línea con esta idea, Wise y Geranmayeh (2016) y el grupo de Fedorenko (Fedorenko, Duncan y Kanwisher, 2012; Fedorenko, DuncanyKanwisher, 2013) escribieron sobre la necesidad de tener en cuenta dominios generales y dominios específicos de tipo lingüístico a la hora de producir oraciones, lo que planteaba considerar este tipo de actividades como “tareas de resolución de problemas”. Estos dominios generales y específicos se encontraban anatómicamente superpuestos; por ejemplo, la red frontal dorsal no era específica del dominio lingüístico; sino que estaba implicada en aspectos de control general de dominio, sin negar el hecho de que un componente específico (Opérculo Frontal izquierdo e ínsula anterior, FOp/Ia) tenga una mayor activación con el lenguaje. De esta forma, Wise y Geranmayeh (2016) concluyeron la necesidad de considerar la producción del lenguaje como un sistema distribuido y fuertemente conectado que es el resultado de numerosos componentes específicos a nivel lingüístico y no lingüísticos como los sistemas de memoria declarativa y de control cognitivo que están activados conjuntamente de forma variable en función del contexto comunicativo.

El estudio de la producción verbal ha utilizado de forma recurrente el modelo de Levelt (Martin y Slevc, 2014).Levelt (1989, en Belinchón y cols., 2009) dividió en tres fases la producción del lenguaje (Figura 3). En la primera de ellas, denominada fase de conceptualización, las personas seleccionan el contenido de aquello que quieren transmitir para, posteriormente, seleccionar de la memoria a largo plazo (MLP) únicamente lo relevante dándole un orden y sentido. Esta fase implica una serie de procesos de carácter intencional que no son necesariamente conscientes. La segunda fase, denominada fase de formulación o codificación lingüística del mensaje, traduce la información que ha sido seleccionada en un formato lingüístico donde se distribuyen las unidades estructurales a nivel gramatical y fonológico para dar paso al plan fonético. La última, la fase de articulación, es el código o plan motor que pone en marcha la secuencia de movimientos.

Lezak y cols. (2012) recomendaron el uso de láminas como método para evaluar el lenguaje expresivo señalando la imagen del robo de las galletas como un excelente ejemplo de discurso dirigido (Lezak y cols., 2012; Paniagua, 2019).Helm-Strabooks y Martín (2005) ofrecieron el Perfil de Eficiencia Comunicativa (PEC) que tenía como objetivo cuantificar objetivamente el discurso oral mediante dos parámetros: el Índice de Eficiencia Léxica (IEL) y el Índice de Soporte Gramatical (ISG). Paniagua (2019) comentó que los valores normativos de dichos índices estaban basados en estudios ingleses; sin embargo, Helm-Strabooks y Martín (2005) ofrecieron datos de población española de un estudio llevado a cabo por Peña-Cassanova y Pamies (1995) cuya muestra control estudiada presentaba una media de 74,6 palabras (rango= 43-178), 18 unidades de contenido (rango 9-29), 4,20 de IEL (rango = 2,44-9,14) y 2,46 de ISG (rango = 2,05-2,7). Como indicó Paniagua (2019), esta lámina ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Berube, Nonnemacher, Demsky, Glenn, Saxena, Wright, Tippett y Hillis (2019)presentaron una versión actualizada de la imagen clásica del robo de las galletas con el fin de incluir acciones, eventos y objetos más coherentes con el presente. Este tipo de imágenes han sido utilizadas en diferentes poblaciones (Berube y cols. 2019).

Envejecimiento sano

Durante el envejecimiento, los primeros estudios ofrecieron resultados contradictorios. Nicholas, Obler, Albert y Goodglas (1985) llegaron a la conclusión de que las dificultades en las respuestas de las personas con la edad tenían como origen la dificultad para acceder al léxico. Por su parte, Cooper (1990) mostró que la mayoría de los aspectos del discurso oral no cambiaban en función de la edad entre los adultos sanos. Posteriormente, Ardila y Roselli (1996) plantearon que los cambios en la producción del lenguaje espontáneo eran dependientes de la edad, observándose una disminución rápida durante el envejecimiento en hombres, mientras que en las mujeres se mantenía bien conservada. Burke y Shafto (2004) mostraron cómo durante el envejecimiento normal se producíandeterioros selectivos del lenguaje en diferentes componentes, mientras que otros se conservaban. Estos autores plantearon la hipótesis de la transmisión, donde, una vez fijado el concepto y el léxico, no se establecerían unas conexiones adecuadas con los constituyentes fonológicos lo que derivaría en un déficit en el acceso al léxico que podría dar lugar a una disminución de la competencia lingüística. Esta hipótesis ha sido respaldada posteriormente en otros estudios (Ouyang, Cai, y Zhang, 2020). Los estudios de Kemper (Kemper ySumner, 2001; Kemper, Marquis, y Thompson, 2001) respaldaron la visión del declive del lenguaje a lo largo de la edad mostrando su correlación con medidas de MT.

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